sábado, 11 de octubre de 2008

Corespondencia entre Manolo Cambra y Juan B. Viñals Cebriá

OCÚSPULO 11

VÍLLORA
INVESTIGANDO NUESTRA HISTORIA

LAS MADERADAS
QUELAZA – SALTO DE VILLORA – VALENCIA,
MARXALENES, ZAIDIA

MANUEL CAMBRA MARTÍ 2008


Quelaza

Una descripción de la localidad nos informa :“Este último lugar esta fortificado y construido al otro lado de las montañas, donde crecen innumerables pinos. Se cortan los árboles y se los hace descender por agua hasta Denia y Valencia. En efecto, estas maderas van por el río de Quelaza (el Cabriel) hasta Alcira y desde allí al fuerte de Cullera, desde donde descienden al mar; enseguida se les embarca para Denia, donde son empleados para la construcción de navíos, o bien, si son gruesos, para Valencia, donde sirven para le edificación”. ¡He aquí! la primera referencia a las “maderadas conquenses”, como insólita actividad de origen hispanomuslim. Además, de su empleo en barcos y construcciones, en madera se ejecutaban: carros y ruadas, cedazos, mesas, harneros, artesas, almudes, bancos y banquetas, cubos,…. Y la artesanal especialidad carpintera se avala, mediante la primorosa labor de las vigas de sección cuadrada de la mezquita-aljama de la villa de Uclés, que fueron consideradas, como uno de los prodigios de Al-andalus . (Tomado de: CUENCA. Núm. 30.1987)


Salto de Villora

Salto de Víllora, Huerta de los Chimeneas. Óleo sobre lienzo, M. Cambra

La junta de los ríos Guadazaón y Cabriel, al que poco después, se uniría el Víllora-San Martín.

En el año 1878 el arquitecto Antonio Martorell, inspeccionaba las cuencas de los ríos Júcar y Cabriel, y dice Ignacio Latorre Zacares en su artículo “1898: “ARQUITECTURA DEL AGUA EN EL CABRIEL” lo siguiente:

Así pues, cuando la comisión llega al Salto de Villora, Martorell deja aparte la literatura técnica y no puede dejar de definir este asombro de la naturaleza (comprobable hoy día) como una “magnífica sucesión de cascadas, por donde se precipitan las aguas del Cabriel, desde una altura seguramente mayor de 70 metros, produciendo uno de los más vellos espectáculos que ofrece la naturaleza, impresionando simultáneamente la vista y el oído”.


Una de las múltiples chorreras. RIO CABRIEL Foto: M. Cambra
Enguídanos Víllora

El Orón. RIO CABRIEL Foto: M. Cambra
Enguídanos Víllora

Recorrer el Salto de Víllora es pasear por la sorpresa, pero considerando que ”las chorreras” están en zona de peligro de riada, si se abren las compuertas de la presa, ¡no entren en ella!




LA MADERADA EN VILLORA
MAMUEL CAMBRA MARTÍ


APRECIADO AMIGO VIÑALS
Te cuento lo que he podido averiguar sobre las maderadas en el Salto de Víllora, convencido de que puede serte útil para tu trabajo sobre tu apasionado Marjalena/Marjalenes

Muchas historias y chascarrillos he escuchado en el Salto de Víllora –referente a los gancheros y las maderadas, contadas por la numerosa familia de los “Chimeneas” de la que desciende Luisa, mi mujer; todos nacieron en el molino harinero de “El Golpecillo”, sito en ese admirable lugar, antes de la construcción de las presas y la central eléctrica. Fueron testigos directos del siguiente relato:
Desde Enguídanos, siguiendo el Cabriel, río arriba, a unos dos kilómetros, en la huerta de Martín de Mora, las “Bonacheras” llamadas así –según dicen- por ser originarias de Buenache de la Sierra, abastecían a los gancheros. Otro punto de abastecimiento eran las huertas del Vado, hoy del Agujero, necesario debido a la longitud de las maderadas, divididas en tres partes, -la delantera, la del centro y la zaga-, la delantera tenia la misión de eliminar obstáculos que impidan el paso a la maderada, haciendo lo necesario para estrechar la corriente, saltar un peñasco o pasar sobre una presa, haciendo a veces atrevidas obras de ingeniería con solo la superposición de las mismas piezas que conducían, para que al llegar la parte central, pueda seguir su camino sin problemas, por el camino preparado, siguiéndola los gancheros desde la orilla, o puestos sobre las piezas que la componen. La zaga se dedica a destruir las obras hechas por la primera.
El río Cabriel tiene su embarque cerca de la herrería de Cristinas, y a veces, algo más abajo, en La Huerta, yendo la conducción de las maderadas sin arriesgadas maniobras hasta el término de Cardenete; con obstáculos después de la boquilla de San Roque y Víllora, donde las “bonacheras” abastecían a los gancheros, y estos, acondicionaban la madera para el difícil descenso de los rápidos del Salto de Víllora, entre las Huertas del Vado y las Huertas de los Chimeneas, siguiendo después su marcha sin demasiados embarazos hasta Cofrentes, donde se unían al Júcar.
Desde San Martín de Boniches, cuando el caudal del río Víllora-San Martín lo permitía, descendían la madera hasta unirse con la del Cabriel en Enguídanos.






Una de las múltiples chorreras. RIO CABRIEL Foto. M. Cambra
Enguídanos Víllora














Valencia-Marchalenes


Alquería de Lluna, año 1976 Marjalena Foto: M. Cambra






AMIGO CAMBRA, CRÓNICA ESCRITA TOMANDO
COMO BASE LO QUE TU ME CONTASTE DE LOS
TÍPICOS “GANXERS” DE CUENCA
ATENTAMENTE: J. Viñals

MARCHALENES Y LOS INTRÉPIDOS “GANXERS”

Durante siglos, las gentes de los Serranos y del rincón de Ademuz, sobrios moradores del norte de la provincia de Valencia, fueron los encargados de conducir, con pericia y en arriesgadas travesías, río abajo, los troncos cortados de aquellos montes, hasta que concluían almacenados en la llanura o “conca” de la rambla de Marchalenes, a la izquierda del puente de San José, estas cuadrillas de guías de las arriesgadísimas maderadas, eran considerados por su valentía y arrojo con el calificativo de intrépidos “ganxers” Rivalizaban en tan codiciado mérito las cuadrillas de gancheros conquenses que sobre el río de Quelaza (el Cabriel), conducían la maderada al sur de la provincia de Valencia, concretamente hasta Alcira, en la Ribera
Alta y, desde esa importante ciudad, eran reconducidos nuevamente hasta Cullera, en la Ribera Baja, y desde esta última población, se embarcaban hasta Denia, en la Marina Alta, donde existían expertos calafates dedicados a la construcción de barcos y experimentados “mestres d’aixa” De esta tan arriesgada como peligrosa profesión han escrito entre otros, don Teodoro Llorente, J. Pardo de la Casta, Manolo Cambra Martí, Miguel Romero Sáiz; M. Sanchis Guarner, en su libro .- “La Ciutat de València (1983), se refiere de la manera siguiente a tan espectacular profesión.- “(…) Hom distinguia la “fusta de mar” o d’inportasió desembarcada en el Grau, de la “fusta de riu” procedente dels boscos d’Aragó i del Serrans, que era devallada suran pel Turia, en rais conduïts per intrepits “ganxers” de Xelva o Ademús, i apilada en “peanyes” a Marxalenes i a la Saidia”.

Previamente a la llagada de la maderada, se ordenaba atrancar todas las compuertas de las azudes, tanto los de la parte derecha, como de la parte izquierda del río, y de esa manera se propiciaba aumentar sensiblemente el caudal del Turia, para mejor trajinar los troncos.

Don Luis B. Lluch Darin, nos descubre en Los Bosques Valencianos (1957), la bizarra actitud de las esforzadas cuadrillas de –ganxers- de los Serranos y del rincón de Ademuz, hasta que concluían tan aventurada travesía, dejando ordenados los troncos en la explanada de Marchalenes. De la importancia del acontecimiento dan cuenta las palabras de Lluch Garin.-

“(…) El pregonero del bosque era aquella voz que, como un heraldo corría por las calles de nuestra vieja ciudad:

- ¡Ha llegado la maderada!

Todos los vecinos llenaban el puente nuevo, nuestro actual puente de San José, y se acomodaban en la barandilla para contemplar a sus anchas y con toda comodidad aquel curioso espectáculo (…). Nos dice y nos cuenta don Teodoro Llorente, en su “Historia de Valencia” que los Madereros Chelvanos, y también –añado yo- los buenos madereros del Rincón de Ademuz. “Era gente sobria y valiente –sigue describiendo el citado autor-, de tostado cutis y músculos de acero, de aspecto semiarábigo, vistiendo tosco y acampanado sombrero de negrusco fieltro, fuerte chaquetón de paño pardo, voluminosa faja y cortos zaragüelles de lienzo blanco y empuñando el gancho de su oficio, fuerte alabarda con la cual guían los maderos, los separan, los recogen y dan curso habilisimamente a ese montón enorme de troncos que del río llegan, y que en cada instante amenaza con un peligroso abarrancamiento. Por un misero estipendio –continua el citado Teodoro Llorente-, tres reales y medio de jornal en dinero, cuarenta onzas de pan negro, una de aceite y media azumbre de vino, pasa tres o cuatro meses aquella pobre gente, viviendo como anfibios (...). Todo lo contrario que les sucedía a los sobrios gancheros valencianos, les ocurría a los madereros de las cuadrillas de Cuenca, que disfrutaban de la consideración de ser proveídos durante la travesía con comida condimentada por mujeres, que hacían las veces de cantineras y que eran conocidas con el cariñoso nombre de “bonacheras” (quizá por ser originarias de Buenache de la Sierra). También ha escrito sobre las maderadas, F. Herrero. (LAS PROVINCIAS, 28 de noviembre de 2006), “El siguiente párrafo corresponde a una crónica donde Pardo relata la exhibición que los madereros valencianos efectuaron en Aranjuez donde se hallaba la reina Isabel II y su corte: “Los madereros –escribe- ejecutaron las maniobras de su oficio con presteza y habilidad y construyendo un puente movedizo, pero seguro, por el cual su majestad, seguida de sus aristocráticas damas, cruzó el río.”…,

En 1830, el intendente corregidor de Valencia ordenó, que la madera no pudiera ya ser apilada en la Rambla y que tuviera que acarrearse por sus dueños a sus propiedades particulares, todo como consecuencia del peligro que suponía que una riada hiciese estrellar los troncos sobre los trece arcos de sillería que consta el puente de San José. Sobre los dos tajamares, espolones salientes de los pilares para frenar la corriente del agua, por aquellos tiempos había dos esculturas de Ponzanelli. Es a principio del siglo XX, cuando proliferaron los aserraderos y almacenes de madera –vora riu-. Las expediciones de las maderadas todavía llegaron a Valencia hasta bastante tiempo después, según aparece en un periódico de 10 de febrero de 1867 que informa de que la remesa de maderas que periódicamente se traslada al cap i casal, acaba de llegar a las puertas de la ciudad y los troncos son apilados en los almacenes situados en la izquierda del puente de San José. Els marjalers eran testigos preferentes de tan espectacular, como habilidoso y arriesgado trabajo dels ganxers en la conducción de las maderadas desde los Serranos hasta Marchalena/Marchalenes.

No hay comentarios: